Nuestro destino parece más bien que esté fragmentado en las determinaciones que me hacen ser singular y diverso. La mente humana fluye delicadamente por-entre los recovecos de la cultura y el gen, y únicamente los advierte en un movimiento permanente y discontinuo que la asiente, auto-re-organizándola sin cesar.
Una vida única, exclusiva, y cada vez más superficial; una existencia en la que la virtualidad la confunde acompasándola con otro tipo de realidad, distante pero también propia. Estamos en la era del conocimiento, del movimiento por el movimiento, de las etapas quemadas, de la libertad más sutil y engañosa que nos ha vendido el mercado, inundados por la necesidad de renovarnos sin revisar con detenimiento el por qué.
Mediante el artificio de la imagen y la palabra, nos auto- engañamos como antídoto homeopático. “Fractalización” absoluta por desinformación; contradicciones gratuitas por inducción arbitraria de quien alterna el control del medio; la era de la confusión confundida en lo virtual. Nos han conducido al momento ideal para conjugar los usos de la tecnología al servicio del juez y verdugo de la gestión cultural. Y sobretodo, pretenden alcanzar el dominio absoluto del gen, una vez que se han aburrido de mangonear el poder que ejercen sobre el meme.
martes, septiembre 11, 2007
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