sábado, junio 07, 2008

TIEMPO HIPERMODERNO

Nuestra educación hipermoderna está enquistada en sus propios errores. Estos errores los comparte, como no podía ser de otra manera, con los mismos vicios endémicos que azotan nuestra sociedad hiperrealista. No obstante, el sistema educativo tiene los mecanismos y recursos materiales, pedagógicos y humanos para hacer frente a la liquidez que azota a nuestra era, mas éstos se han ido inutilizando y mecanizando de tal manera, que han acabado por perder el sentido y la fe. La educación hipermoderna ignora los pequeños grandes pasos que están dando viejas y nuevas disciplinas científicas que paulatinamente, están aprendiendo a integrar y compartir entre ellas, los nuevos descubrimientos, significados y relatos científicos. En lugar de eso, traslada pedazos de información que acaban por departamentar y fragmentar el conocimiento del ser humano. Esto provoca que caigamos en nuevos equívocos, cada vez más desconectados de una realidad que exige con urgencia ser comprendida. Ahora, aceptamos sin reparos y con total desidia que un determinado alumno únicamente tiene problemas emocionales, o que otro sólo tiene retraso cognitivo, o desajuste madurativo, o que le falla una determinada inteligencia. A partir de ahí, todo son acciones a toda prisa para reeducar nuestro propio desconocimiento. Deben ser acciones rápidas, instantáneas, y sobretodo, con resultados palpables e inequívocos. Es una exigencia del guión socio-histórico que compartimos. El tiempo apremia, ahoga, impera. Necesitamos resultados que corroboren que estamos ahí, aunque nuestra presencia cada vez más, contamine nuestras intenciones. Finalmente, el tiempo acaba por consumirse, y los objetivos acaban caducando, a la espera de un nuevo curso escolar sin tiempo para la improvisación. ¿Qué escapa a la programación? Aquellas pocas cosas que en realidad, son las más importantes. Escapan los valores, escapan las relaciones personales, las voces de los alumnos, los retos individuales y colectivos, la observación del momento y su historia, y sobretodo, el significado de lo que se construye en el aula. Por el contrario, se premia una memoria vacía de sentido, pero útil para el instante del examen que evalúa, desvirtúa y miente. Una memoria a corto plazo que se perderá por la debilidad enzimática de sus propias redes. Asimismo, una memoria que continuamente reconectará frágiles redes con los mismos contenidos; todo acaba siendo repetitivo, tedioso, rememorizado; año tras año, repetición tras repetición, encapsulamiento tras encapsulamiento. No hay tiempo que perder, debemos mirar hacia delante y en el caso de aquellos alumnos que no alcanzan a memorizar el viejo contenido, simplemente se opta por un retorno irreversible, lineal, pérfido.
Sin darnos cuenta, potenciamos la dificultad para que otros la tachen de retraso. Así, el retraso se transparenta y nutre a sí mismo, autocatalizado por los mismos procesos y productos que catapultarán al alumno a su fracaso. Pero nadie fracasa sólo. En el caso que nos ocupa, el fracaso arrastra al alumno, al docente, a la escuela, a la familia y a las políticas educativas. Afortunadamente, estamos a tiempo de demostrar que podemos atajar camino, reparar inconsistencias, remendar errores. Quizás debemos chocar de frente contra los vicios que sustentan nuestra modernidad, acertando en nuestro análisis y gestionando el tiempo y los recursos que están a nuestro alcance para dedicarlos a las individualidades, pero no para condenarlas en el aquí y el ahora, sino para comprender cómo debemos desarrollarlas dentro de un colectivo, en perfecta simbiosis cooperativa con el otro. Para ello, es urgente conocer en qué consiste nuestra tarea y cómo se desarrolla el ser humano. Sólo escuchando la dificultad podemos tomarnos el tiempo necesario para formar parte de la evolución del alumno. Organizando y optimizando los recursos, diversificando nuestras estrategias, comprendiendo el acto y la expresión, exteriorizando nuevas emergencias, potenciando plásticas estructuras cada vez más complejas e interconectadas, y agarrándonos de la mano de lo aleatorio y lo imprevisto; reutilizándolos para ofrecer nuevos estímulos ambientales repletos de significado e intención que el dicente deberá analizar, sintetizar, asociar, trasladar, usar y comprender. La educación adquirirá una nueva dimensión, más allá del tiempo y de la huella fútil. Dejará de ser una moda pasajera, fragmentada y transparente, para devenir una práctica reflexiva que comprende todas las dimensiones humanas del momento: las que conforman el presente, y las que construyen el futuro.

jueves, enero 31, 2008

oda a la esperanza epistemológica

Los suculentos manjares que nos aguardan tras las nuevas ciencias derivadas "tecnológicamente" de los misterios cuánticos (nanotecnología, biología molecular, etología, matemática fractal...) nos despertarán de nuestro largo letargo pedagógico. Se acabará la especulación, la exculpación y la rendición; asimismo, se acabarán las políticas educativas especuladoras y extorsionadoras de la diversidad y la diferencia. Hallaremos el espíritu que se manifiesta en la naturaleza y se refleja en nuestra conciencia genético-cultural. Ante nosotros se está desvelando tanto la biología de la creencia como la creencia de la mente, causa- efecto de un incipiente saber que va más allá de la incertidumbre y el relativismo, y que encuentra su expresión más humilde y maravillosa en la extensión holística de un ser que se reproduce y se copia a sí mismo en un universo infinito que acaba y empieza en el principio de sí mismo.

lunes, diciembre 17, 2007

PROYECTO

“… incluso después de tener experiencias de las operaciones de causa y efecto, nuestras conclusiones hechas a partir de estas experiencias no se basan en el razonamiento ni en ningún otro proceso del entendimiento”. David Hume

Tendemos a otorgar causas a efectos de los que formamos parte, y de los que no sabemos desligarnos ni apreciar nuestra aportación. Cuando no simplificamos las causas, las fragmentamos en pedazos en los que desunimos los efectos que se conectaron, desvirtuándolos de una realidad mucho más amplia en la que nuestra posición de educadores, se auto-amputa y delimita en el mismo proceso de determinación. Curiosamente, repetimos el error- aún siendo conciente y partícipe de él- después de sentir, pensar y actuar en la experiencia. Claro está, que la educación va más allá de aprender un contenido, significa y exige comprenderse a uno mismo, pensarse y sentirse para el otro, del cual aprendo a aprenderme. Pero de todas maneras, es una experiencia para saber vivir en sociedad, y el docente es en este caso, y junto a los familiares responsables de la persona en crecimiento, quien se la descubre para que sea apropiada y así, comprenderse. No podemos permitirnos el lujo de descontextualizar y despersonalizar nuestras prácticas educativas ni a los educandos, y mucho menos, dejar de percibir el error y amedrentar a la ilusión. Creemos que el desorden se debe a la persona en desarrollo, que no sabe aprender, ni aprecia el saber; culpamos al sistema, la cultura, las pautas familiares… y así, nos desculpabilizamos a nosotros mismos; mas no hay mayor ilusión que sobrevivir con determinaciones precipitadas sin preguntar a la experiencia. Es sorprendente comprobar cómo juzgamos sin criterio ni razonamiento al que no puede, al que no quiere o al que no sabe, derivando todos nuestros esfuerzos a una futilidad pasmosa, delirante y ante todo, sectaria. Sectaria porque diseccionamos a las personas, las categorizamos sin piedad, les infundamos expectativas de fracaso para prepararnos a su llegada, o a lo que es lo mismo, al inminente desenlace que representamos. Aceleramos los procesos, insinuamos el destino incierto, y desdibujamos el mundo que pretendemos mostrar. Únicamente nos salvará la verdadera lucha cotidiana, responsable, crítica y unitaria, pues no basta con saber analizar la situación, las causas, o los efectos que nosotros mismos mantenemos; es necesario percibir y luchar por el progreso, el desarrollo, el aprendizaje, la comunicación y el conocimiento de las personas que intervienen en el problema, sin excluir a las responsabilidades y obligaciones propias y comunas, y sin incluir aquellas simplificaciones que finalmente utilizamos para esconder los defectos.

Es sin duda en el proyecto (auto)crítico común donde hallaremos los cimientos para aprender todos de la experiencia. Una educación sin proyecto es una educación que vive muerta. Una educación sin ciencia, ni método, ni teoría, ni técnica, ni currículum creativo, flexible y que cohesione los contenidos a aprender, es una educación sin crítica ni capacidad de auto-re-organización. Evitar la ilusión y corregir el error adquiere una dimensión que va más allá del propio análisis, conquistando un nuevo sentido y significado que cada vez más, se acerca a la vida, al saber y al desarrollo del ser. No bastará con el análisis superficial, inculpador y material que solemos hacer según el nivel de autoengaño; será necesario buscar conjuntamente –profesionales de la enseñanza con proyecto común- “nuevas” prácticas educativas que sepan educar a la diversidad por un lado, y a la unicidad por el otro; incentivando paulatinamente, el préstamo y la toma de una conciencia individual y colectiva que sepa aprender y aprenderse, organizar y autoorganizarse, afrontar el desorden y ordenarse, respetar y respetarse, y en definitiva, aprender a aprenderse mental, afectiva y culturalmente.

lunes, noviembre 26, 2007

La vida que escapa

La vida se nos escapa de las manos. Creemos tener atada a la experiencia,
Y descubrimos que la ignorancia se avienta en cada nuevo fracaso, en cada nuevo logro. Quiero desvelar nuevos temores mientras me descubro a mí mismo ante los demás, ante aquellos que susurran con la mirada, ante aquellos que no esperan nada de sí mismos. Comprendo la intención, adoro el quehacer que quieto espera que lo contemple para dar el salto hacia su existir. ¿Por qué no puedo ser yo quien ofrezca cobijo al temeroso? ¿Por qué temo dejar de entender el miedo de los demás? Una emoción se escurre de entre los latidos de un pensar que juega con un lenguaje que encanilla el sentir que por fin, me desvela. Pienso en ello para así, existir en ello.

La rendición es el mayor de los engaños de la intención.

La experiencia es el mejor de los aprendizajes de la profundidad de nuestra alma. En ella se resguardarán las más bellas melodías de la existencia. Pero también es ella el patíbulo en el que se condenan los recuerdos que pretendemos subyugar con un tiempo que sólo significa olvido. Mas el olvido nos lleva a repetir el error, reconstruyendo el mismo camino, el mismo calamitoso trayecto. Sólo perdonando al recuerdo me purifico ante mi propio equívoco, será en ese preciso instante, ahogado en el presente de la presencia, a partir de donde seré recuerdo para devenir solución a mi propio temor, comprendiendo por fin, que el alma humana sueña con amedrentar a la soledad perniciosa del olvido, el cual, jamás será olvidado sin el consentimiento que otorga la superación del error.

La soledad de quien está en silencio no engaña a nadie más que a sí misma.

La huella de la emoción colorea el alma de la existencia animal. Los viajes de la sensación no son más que las pisadas de nuestra efímera historia. La ciencia que explica el hombre no entiende al hombre. Mientras, esperamos esperar algo mejor, cual si nosotros tuviésemos las respuestas del alma, o el remedio a la soledad animal del hombre.

jueves, noviembre 08, 2007

¿QUÉ SOY?

“Soy nómada en cuanto que soy”
Levinas



Soy lo perdido en mí, mas de este espacio hermético de mi existir extiendo mi ser para huir de una soledad que me hace ser nómada de mí mismo. En el acontecer de los momentos, instantes, episodios y capítulos fragmentados en la historicidad del existir, el existente adquiere un rigor dudoso, verosímil sólo en sí mismo, pues más allá cohabita el para-sí de otro existir que coincide en un tiempo y en un espacio que dilata la responsabilidad espontánea de nuestra hipermodernidad caótica. El significado del ser se remite a la comprensión siempre limitada por nuestra orquesta bioneurocerebral, además de los límites impuestos por la contemporaneidad científica, si es que mi soledad va a su encuentro, pues para muchos otros pasa desapercibida, y lo único que importa es huir, acotar la propia responsabilidad, ignorando a la ignota conciencia solitaria del ser. El remedio tecnológico pretende vencer al hastío necesario del ser, pero su empresa niega a la única verdad con la que podemos topar mediante el preguntar que conciencia lo material: la soledad es necesaria para la unidad de una existencia social. La presencia del ser contiene la unicidad, la singularidad, el no-ser, el movimiento y el reposo, la imagen y la oscuridad, la verdad y la mentira. Finalmente, la responsabilidad de acotar y expresar mi soledad parte de la persona contaminada siempre por el otro. ¿Quién es el otro? El otro no soy yo pero existe a partir de mí, le doy la existencia, aunque en realidad no dependa de mi existir. Y a mí, ¿quién me da la existencia? La huída virtual- no-, el hedonismo egoísta- tampoco-, la historia ajena- a veces-, la vida cercana a un presente maculado de pasado y porvenir incierto- siempre-.


No soy nada en cuanto me siento solo, lo soy todo en cuanto comparto lo que soy en soledad. Yo dejo de ser un instrumento cuando me significo para el otro, mas permanezco sin sentido en el preciso instante en que pienso más allá de mí, aunque sin dejar las cadenas de mi existir, de una historicidad encapsulada en mi propia historia, alejada de todos pero próxima al otro que se aproxima. Yo voy al encuentro del otro- pues deseo que me desvele-, a su vida, a su significado, a su conocimiento; me empapo de él y lo deshecho cuando escribo sobre la aporía de mi existir, y aunque jamás llegue a la comprensión absoluta, por no ser yo jamás absoluto sino proyecto, acaricio su verdad, comprendo su intención, respeto su soledad. Esto no significa que alcance el acuerdo mutuo, pues jamás negocian las almas ni las intuiciones, únicamente tienden a acercarse en la Idea, pues ellas nos fundamentan, nos sostienen y determinan (Heidegger). Y como sabemos, las ideas supremas sólo las utilizamos para realizar acercamientos aproximados, jugueteos con la verdad, aprehensiones no finitas, despojadas de lo Absoluto aunque lleguemos a intuirlo. Intuimos la existencia, la vida, la muerte, mas por siempre somos solitarios que coincidimos en busca de Verdad, no para huir de nosotros mismos, sino para darnos sentido y valor. Creemos estar dotados de pensamiento, pero éste sólo nos ayuda a pensar en lo pensado, pues para vivir y conocer hace falta algo más, a medio camino entre lo humano y lo animal, entre la imagen y el sueño, entre lo real y lo posible, entre el objeto y lo sujeto por la conciencia. Además, para dejar de pensar en mí sólo requiero no pensar, huir de mí y acercarme a la nada y a la materia, siempre solipsismo dudoso, nunca verdad finita.

lunes, septiembre 17, 2007

Jamás, siempre, en ocasiones...

Jamás me siento culpable de los errores que cometo, pero sí responsable de los que no corrijo. Reflexiono con la misma dureza con la que me crítico y autocensuro, hallando de esta manera, la panacea que restituya el vaivén de los días por el desdén de mi propia ignorancia.


Siempre huyo de la evaluación que seda las ansias de trepar por-entre los tapujos de esta incertidumbre nuestra: lo incierto de lo que aseveramos como cierto, el escondite de la contradicción contradicha, el desorden constreñido en el orden interlineado de la inconsciencia.


En ocasiones dudo para fraguar mi propio destino en una acción que me investigue a mí también, dentro y fuera del contexto que yo mismo significo, comparto y represento. Dentro y fuera. Excluido e incluido en imágenes de ilusiones yuxtapuestas, cada una de ellas repleta de símbolos difuminados con la subjetividad de mi propio ser. Un ser jamás exento de la duda, la posibilidad y el pasado.

sábado, septiembre 15, 2007

Amor por nuestro Arte

Cuando el significado de nuestro arte es recompensado por un atisbo de desarrollo, nos sinceramos para devenir verdaderos artistas del bricolaje cultural. Cuando dilapidamos nuestros esfuerzos en la acción inútil y el objetivo fútil, culpamos despiadadamente a las determinaciones que sublevan al aprendiz desatendido.

Nos duele reconocer una derrota, nos daña absorber el fracaso, nos lastiman las laceradas miradas de quien nos muestra la pérdida de seguridad.
¿En quién debemos confiar?, ¿En quién debemos desconfiar? Yo desconfío de las contiendas sencillas y las premisas simplistas, mas confío en el valor de la victoria compartida y el honor de una consciencia tranquila.

Soy agradecido con las personas que de mí extirpan la duda y el conflicto. Huyo apaciblemente de quien intenta disimular sus errores y culpar a los míos. Siento la calma en la autocrítica y el desasosiego en lo escueto. Asimilo lo complejo para integrar el desorden, siempre desvelando un logos que requiere ser comprendido, compartido, explicado, re-definido.

Nuestro milagro es una lucha diaria.
Nuestro destino es un Amor compartido.

Amor por el Conocimiento, por el Saber; un Amor que cohabita en las ansias por desvelar los misterios de la mente, por la abstracción generalizada, por la computación en la reentrada.

Amor por una educación maltratada, incomprendida, reducida a sus propios temores y sustentada por sus propios errores; éstos, endémicos, se mantienen aún desconocidos para la lucidez del crítico y la reflexión abierta, real y compleja.

No obstante, siempre un Amor fiel, sincero, diverso, singular y verdaderamente heterogéneo. Una pasión por el arte, por lo incierto, por lo arcano, por el aprendizaje.



-Para aquellos que como yo, disfrutan a pesar de las adversidades mal comprendidas por los demás-