La vida se nos escapa de las manos. Creemos tener atada a la experiencia,
Y descubrimos que la ignorancia se avienta en cada nuevo fracaso, en cada nuevo logro. Quiero desvelar nuevos temores mientras me descubro a mí mismo ante los demás, ante aquellos que susurran con la mirada, ante aquellos que no esperan nada de sí mismos. Comprendo la intención, adoro el quehacer que quieto espera que lo contemple para dar el salto hacia su existir. ¿Por qué no puedo ser yo quien ofrezca cobijo al temeroso? ¿Por qué temo dejar de entender el miedo de los demás? Una emoción se escurre de entre los latidos de un pensar que juega con un lenguaje que encanilla el sentir que por fin, me desvela. Pienso en ello para así, existir en ello.
La rendición es el mayor de los engaños de la intención.
La experiencia es el mejor de los aprendizajes de la profundidad de nuestra alma. En ella se resguardarán las más bellas melodías de la existencia. Pero también es ella el patíbulo en el que se condenan los recuerdos que pretendemos subyugar con un tiempo que sólo significa olvido. Mas el olvido nos lleva a repetir el error, reconstruyendo el mismo camino, el mismo calamitoso trayecto. Sólo perdonando al recuerdo me purifico ante mi propio equívoco, será en ese preciso instante, ahogado en el presente de la presencia, a partir de donde seré recuerdo para devenir solución a mi propio temor, comprendiendo por fin, que el alma humana sueña con amedrentar a la soledad perniciosa del olvido, el cual, jamás será olvidado sin el consentimiento que otorga la superación del error.
La soledad de quien está en silencio no engaña a nadie más que a sí misma.
La huella de la emoción colorea el alma de la existencia animal. Los viajes de la sensación no son más que las pisadas de nuestra efímera historia. La ciencia que explica el hombre no entiende al hombre. Mientras, esperamos esperar algo mejor, cual si nosotros tuviésemos las respuestas del alma, o el remedio a la soledad animal del hombre.
lunes, noviembre 26, 2007
jueves, noviembre 08, 2007
¿QUÉ SOY?
“Soy nómada en cuanto que soy”
Levinas
Soy lo perdido en mí, mas de este espacio hermético de mi existir extiendo mi ser para huir de una soledad que me hace ser nómada de mí mismo. En el acontecer de los momentos, instantes, episodios y capítulos fragmentados en la historicidad del existir, el existente adquiere un rigor dudoso, verosímil sólo en sí mismo, pues más allá cohabita el para-sí de otro existir que coincide en un tiempo y en un espacio que dilata la responsabilidad espontánea de nuestra hipermodernidad caótica. El significado del ser se remite a la comprensión siempre limitada por nuestra orquesta bioneurocerebral, además de los límites impuestos por la contemporaneidad científica, si es que mi soledad va a su encuentro, pues para muchos otros pasa desapercibida, y lo único que importa es huir, acotar la propia responsabilidad, ignorando a la ignota conciencia solitaria del ser. El remedio tecnológico pretende vencer al hastío necesario del ser, pero su empresa niega a la única verdad con la que podemos topar mediante el preguntar que conciencia lo material: la soledad es necesaria para la unidad de una existencia social. La presencia del ser contiene la unicidad, la singularidad, el no-ser, el movimiento y el reposo, la imagen y la oscuridad, la verdad y la mentira. Finalmente, la responsabilidad de acotar y expresar mi soledad parte de la persona contaminada siempre por el otro. ¿Quién es el otro? El otro no soy yo pero existe a partir de mí, le doy la existencia, aunque en realidad no dependa de mi existir. Y a mí, ¿quién me da la existencia? La huída virtual- no-, el hedonismo egoísta- tampoco-, la historia ajena- a veces-, la vida cercana a un presente maculado de pasado y porvenir incierto- siempre-.
No soy nada en cuanto me siento solo, lo soy todo en cuanto comparto lo que soy en soledad. Yo dejo de ser un instrumento cuando me significo para el otro, mas permanezco sin sentido en el preciso instante en que pienso más allá de mí, aunque sin dejar las cadenas de mi existir, de una historicidad encapsulada en mi propia historia, alejada de todos pero próxima al otro que se aproxima. Yo voy al encuentro del otro- pues deseo que me desvele-, a su vida, a su significado, a su conocimiento; me empapo de él y lo deshecho cuando escribo sobre la aporía de mi existir, y aunque jamás llegue a la comprensión absoluta, por no ser yo jamás absoluto sino proyecto, acaricio su verdad, comprendo su intención, respeto su soledad. Esto no significa que alcance el acuerdo mutuo, pues jamás negocian las almas ni las intuiciones, únicamente tienden a acercarse en la Idea, pues ellas nos fundamentan, nos sostienen y determinan (Heidegger). Y como sabemos, las ideas supremas sólo las utilizamos para realizar acercamientos aproximados, jugueteos con la verdad, aprehensiones no finitas, despojadas de lo Absoluto aunque lleguemos a intuirlo. Intuimos la existencia, la vida, la muerte, mas por siempre somos solitarios que coincidimos en busca de Verdad, no para huir de nosotros mismos, sino para darnos sentido y valor. Creemos estar dotados de pensamiento, pero éste sólo nos ayuda a pensar en lo pensado, pues para vivir y conocer hace falta algo más, a medio camino entre lo humano y lo animal, entre la imagen y el sueño, entre lo real y lo posible, entre el objeto y lo sujeto por la conciencia. Además, para dejar de pensar en mí sólo requiero no pensar, huir de mí y acercarme a la nada y a la materia, siempre solipsismo dudoso, nunca verdad finita.
Levinas
Soy lo perdido en mí, mas de este espacio hermético de mi existir extiendo mi ser para huir de una soledad que me hace ser nómada de mí mismo. En el acontecer de los momentos, instantes, episodios y capítulos fragmentados en la historicidad del existir, el existente adquiere un rigor dudoso, verosímil sólo en sí mismo, pues más allá cohabita el para-sí de otro existir que coincide en un tiempo y en un espacio que dilata la responsabilidad espontánea de nuestra hipermodernidad caótica. El significado del ser se remite a la comprensión siempre limitada por nuestra orquesta bioneurocerebral, además de los límites impuestos por la contemporaneidad científica, si es que mi soledad va a su encuentro, pues para muchos otros pasa desapercibida, y lo único que importa es huir, acotar la propia responsabilidad, ignorando a la ignota conciencia solitaria del ser. El remedio tecnológico pretende vencer al hastío necesario del ser, pero su empresa niega a la única verdad con la que podemos topar mediante el preguntar que conciencia lo material: la soledad es necesaria para la unidad de una existencia social. La presencia del ser contiene la unicidad, la singularidad, el no-ser, el movimiento y el reposo, la imagen y la oscuridad, la verdad y la mentira. Finalmente, la responsabilidad de acotar y expresar mi soledad parte de la persona contaminada siempre por el otro. ¿Quién es el otro? El otro no soy yo pero existe a partir de mí, le doy la existencia, aunque en realidad no dependa de mi existir. Y a mí, ¿quién me da la existencia? La huída virtual- no-, el hedonismo egoísta- tampoco-, la historia ajena- a veces-, la vida cercana a un presente maculado de pasado y porvenir incierto- siempre-.
No soy nada en cuanto me siento solo, lo soy todo en cuanto comparto lo que soy en soledad. Yo dejo de ser un instrumento cuando me significo para el otro, mas permanezco sin sentido en el preciso instante en que pienso más allá de mí, aunque sin dejar las cadenas de mi existir, de una historicidad encapsulada en mi propia historia, alejada de todos pero próxima al otro que se aproxima. Yo voy al encuentro del otro- pues deseo que me desvele-, a su vida, a su significado, a su conocimiento; me empapo de él y lo deshecho cuando escribo sobre la aporía de mi existir, y aunque jamás llegue a la comprensión absoluta, por no ser yo jamás absoluto sino proyecto, acaricio su verdad, comprendo su intención, respeto su soledad. Esto no significa que alcance el acuerdo mutuo, pues jamás negocian las almas ni las intuiciones, únicamente tienden a acercarse en la Idea, pues ellas nos fundamentan, nos sostienen y determinan (Heidegger). Y como sabemos, las ideas supremas sólo las utilizamos para realizar acercamientos aproximados, jugueteos con la verdad, aprehensiones no finitas, despojadas de lo Absoluto aunque lleguemos a intuirlo. Intuimos la existencia, la vida, la muerte, mas por siempre somos solitarios que coincidimos en busca de Verdad, no para huir de nosotros mismos, sino para darnos sentido y valor. Creemos estar dotados de pensamiento, pero éste sólo nos ayuda a pensar en lo pensado, pues para vivir y conocer hace falta algo más, a medio camino entre lo humano y lo animal, entre la imagen y el sueño, entre lo real y lo posible, entre el objeto y lo sujeto por la conciencia. Además, para dejar de pensar en mí sólo requiero no pensar, huir de mí y acercarme a la nada y a la materia, siempre solipsismo dudoso, nunca verdad finita.
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